Apuntes sobre “La puta
diabla”
I
Rodolfo Páez, a
través de de esta novela, realiza la transcripción
de su propia voz, de su propia realidad, sometiéndola a un complejo proceso de ficcionalización. Un
verdadero acto de valentía ya que la realidad en sí suele ser bastante cruda. Tranquilamente
podría haber huido al terreno de la pura ficción, en el cual uno es más libre, para
poder inventar una realidad que resulte más grata o más ajena a la propia. Nuevamente Fito redobla la apuesta y sigue
adelante con una historia cargada de demencia propia y ajena. “Psicosis contra
psicosis” señala Martín Rodríguez en la contratapa del libro.
Es
difícil imaginar a Félix Ure, protagonista de la historia, con un cuerpo que no
sea el de Páez. El entorno de este personaje tiene una cantidad de similitudes
con la vida del rosarino que impiden no establecer una relación entre ambos: Félix usa traje con polera y lentes de sol, tiene
una “nariz aguileña”, barba rala y perdió a su madre a los meses de haber
nacido. Además tiene un hijo al cual le encanta la pintura y su ex mujer -madre
de ese hijo- es actriz y rubia. Si el lector no es capaz de reconocer estas
similitudes, lamentablemente, se queda afuera de una parte importante de la
historia.
“Estos
días que corren mi amor es aquí que nos tocó vivir”. Situada en pleno siglo
veintiuno, Fito logra recrear el mundo en cual están inmersas nuestras vidas.
Ya no hay cartas, ni teléfonos fijos, ni computadoras de escritorio, sino que
hay mails, iPhones, Blackbeerys, Mac portátiles y otros vicios de un estilo de
vida muy burgués, cabe reconocer. Sin embargo, el autor desliza un pequeño
juicio de valor sobre ese mundo, en el cual habitan sus personajes, al afirmar
que el espacio virtual “es un lugar de grandes promiscuidades. La democracia
total. Allí todos se sienten libres y al no haber contacto real, todo puede
suceder (…) la virtualidad psíquica ingresa en la realidad sentimental y nadie
asegura la posibilidad de que aquello resulte bien”.
Somos lo
que leemos. A lo largo de toda la novela, pero sobre todo en el comienzo, hay una serie de recursos narrativos muy similares
a los de otros autores. Los ejemplos más contundentes son los de Manuel Puig y Charles Bukowski. Resulta
casi imposible no pensar en el parecido que hay entre el método de usar cartas
para contar la historia -recurso utilizado por Puig en “Boquitas Pintadas”- y la serie de mails entre Félix y Casimira, la
puta diabla. Por otro lado la crudeza de
Bukowski se hace presente, a la hora de describir situaciones sexuales: “Casimira
apretaba los labios de su concha y se mojaba sobre la pija de Félix que
bombeaba sangre dentro y leche para afuera” (p.120).
Promediando
esta primera parte aparece la partitura de una canción que se titula igual que
la novela: “La puta diabla”. Una
canción cruda incluida en su último disco “El Sacrificio”. Martín Zariello en su post sobre ese
álbum de Páez afirma que esa composición es “lennoniana
hasta los huesos “. Sin embargo no es el primer tema que posee una
relación con la historia del libro. Ya en el año 2010 Fito incluyó en su disco
“Confiá” una canción llamada “En el baño
de un hotel”, en la cual se cuenta, entre otras cosas, el momento en el que
Félix se enamora de Casimira:
“Me mordiste la mano con rabia
En el baño de un hotel
Vomitabas el odio del mundo
Esa noche me enamore”
La
historia de amor comienza en el baño del “hotel
más caro del país”, cuando Félix ayuda a vomitar a Casimira para ayudarla a
salir de su total ebriedad. “¿A quién estas mordiendo, nena?” le pregunta Félix
a Casimira. Luego le come la boca.
Seguir
relatando como se suceden los hechos provocaría que se le quite las ganas de
leer la novela, a quienes aún no lo han hecho.
II
La
segunda parte de la novela se asemeja más a una aventura épica, pero posmoderna,
que a una historia de amor y drama, como la que se ve en la primera parte. El
relato da un giro abrupto e inesperado. Se sitúa diez años después del final de
la primera parte. La historia adquiere un aire más ficticio y menos verosímil
que el del comienzo.
De todos
modos siguen apareciendo similitudes, entre la vida del autor y la de Félix
Ure, como la relación que tiene este personaje con Fabiana Cantilo: “Siempre le
había gustado Fabi. La quería. Sabía lo que era el dolor y la risa, y su
amistad era algo que atesoraba profundamente en su corazón” (p.200).
El
delirio de este segundo capítulo le permite a Páez darse ciertos lujos, como
empepar a la creme dela creme porteña para
evitar un casamiento. Ya no hay demencia propia y
ajena en esta parte del relato. Solo hay una ciudad devastada y la propia
locura de Félix Ure, que pasa de ser un artista exitoso a un hombre del
neanderthal.
En medio
de ese caos psicótico todo termina. Simplemente se termina. Sin rodeos. Quizás
no sea el final que los lectores deseen, pero es el que la historia merece. Un
final donde la victoria se la lleva el amor, después del amor.
Sin
muchas vueltas y con pocas descripciones –lo que permite que quede todo librado
a la imaginación del lector- “La puta diabla” es un texto con humor, con drama,
con poesía, con Puig, con música de Steely Dan, con pentagramas, con Charly
García, con drogas, con Bukowski, con alcohol, con Neruda, con cine y teatro,
con Cecilia Roth, con fachos, con Macri, con pepas, con linyeras, travestis y
Fabi Cantilo, entre otras cosas. Por momentos resulta una novela llevadera y
por otros parece una novela demente que perturba al lector, sin embargo -en
ambos caso- resulta ser atrapante.
“El que quiera comprender el planeta Páez tendrá que venir a estos
textos para tocar su tierra, su locura, su humor y sus muertos […] Amigos, acá
está el cuerpo de Rodolfo Páez”. Con esa reflexión –muy acertada- concluye la
contratapa de Rodríguez. Nadie se atreva a escribir la biografía de Rodolfo
Páez, él ha ganado de mano.
Imanol Subiela Salvo
La puta diabla – Félix Ure
Yo vine aquí para vos,
a dejarte ciega en el camino
Vos vivías sola en tu jardín
donde todo vale nada
El día que te conocí vomitaste
tu asco por el mundo
El vino rojo y la pared
del hotel más caro del país.
Llegaste con tu vejez al amar.
Después me comiste la boca,
tenías los ojos de una puta diabla
Y ahora no puedo respirar.
Así yo aprendí a esperar,
con el tramontina en el bolsillo,
sentado en una habitación
donde tu amor no me alcanza.
Yo puedo hacerte feliz,
ser tu chica todos los domingos
Tu eskabe calefactor y también quién te va a
destruir.
Es esta canción de amor extraña…
La que me inyectaste vos
con tu jeringa toda la mañana.
Y ahora no puedo respirar.
Ya me comiste el hueso
es que el amor es eso.
Ya me mordiste el cuello
Te tengo que matar.
Ya me comiste el hueso,
ya me mordiste el cuello
(sos una vampira)
Y es que tu amor es eso
Te voy a imaginar
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