Nota: El Universal México (29/10/2007)

Fito Páez regresa al origen
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Es un hombre de 44 años. Tiene dos hijos y ha vivido “un par de cosas”. No es Fito Páez el rockero enloquecido, tampoco el cineasta trasgresor ni el idealista que fue a cantar a Cuba como el primer músico extranjero en tocar en la Plaza de la Revolución. Es, en cambio, un padre de dos hijos con algo qué decir sobre las relaciones humanas.
Cada día es menos enamoradizo y se muestra paciente, cuando Margarita, su hija más pequeña, le interrumpe justo en el momento en que atiende una entrevista telefónica con EL UNIVERSAL.
Fito habla de su nuevo disco, Rodolfo, en el que rinde un homenaje al amor, pero no sólo como un sentimiento de pareja sino llevado a otras latitudes como puede ser el amor de los padres o aquel que se derrocha por los amigos, los ídolos y los colegas.
Además, el título de su nuevo álbum (mismo que evoca al nombre que le dio su padre), refiere no sólo un redescubrimiento del amor, también una mirada más profunda a su relación con el piano y su alma misma, aunque él prefiere llamarlo “un refugio en el legado más íntimo”.
Rodolfo fue concebido al mismo tiempo que Páez terminaba de mezclar su más reciente filme, ¿De quién es el portaligas? (cinta que planea traer a principios de 2008 a México). La inspiración surgía cada noche, y sin esperarlo en dos semanas Fito ya tenía escritas las canciones. En un mes, el disco estaba terminado.
“Es difícil explicar el origen de las cosas, es tan incierto todo, pero lo que recuerdo es tener el deseo desde hace muchos años de grabar un disco solo con el piano, y yo pensaba que no estaba listo, y en el proceso, que me llevó muchos años, lo fui perfeccionando. Fui trabajando diferentes técnicas y formas, cantautores. Lo pensé como si fuera a hacer un CD en casa para regalárselo a mis amigos”, recuerda Páez.
—Dices que Fito Páez es cada día menos enamoradizo, ¿cuándo se deja de estar enamorado?
—Lo que pasa es que ahora, como me están creciendo los hijos, estoy muy atento a eso; no estoy dispuesto como a los 20 años, ligado al enamoramiento. Si sucede, entonces bienvenido, pero no estoy con el foco en eso.
—Rodolfo es el nombre que te dio tu padre, ¿qué recuerdos guardas de esos ayeres?
—Si bien no veía mucho a mi padre, cuando lo veía, que eran los fines de semana, escuchábamos música. Viví momentos increíbles con mi padre cuando era niño, escuchando música popular y moderna americana, el tango en todas sus expresiones, autores como Agustín Lara y Frank Sinatra, que sé yo; una cantidad de música tan extraordinaria. Tengo muchos momentos maravillosos.
—Ahora sabes bien lo que significa ser padre, ¿Fito es estricto con sus hijos?
—Lo necesario para que mis hijos no se peguen malos en la vida. Sí, hay tiempo límite, los chicos son una forma de amor, y por otro lado me gusta divertirme con ellos y pasarla bien.
—En tu nuevo disco incluiste “Gracias”, un tema dedicado a Charly García, Luis Alberto Spinetta y Litto Nebbia. ¿Qué has aprendido de ellos, quienes además son personas muy cercanas a ti?
—Si no fuera por ellos, yo no estaría ahora hablando contigo.
Para mí son la columna vertebral de la canción popular moderna en castellano, esa sería la primera pauta; la otra es que los tres son extraordinarios y muy poco conocidos, y tienen que ver muy poco con todo esto que es el rock latino. Está ligado a la transmisión de la canción moderna sudamericana profunda, no te diría que está enraizada en otro lugar, eso es lo que escuche de pibe, y lo que hoy se mantiene como un fuerte tesoro, aún no descubierto, y que será el magma para las futuras generaciones.
—Jorge Drexler habla de que el cine mexicano, con exponentes como Cuarón, Del Toro y González Iñárritu está dando una lección a la canción iberoamericana. Como músico y cineasta, ¿coincides con esa opinión?
—No lo sé… lo que sí sé, es que Jorge, junto con otro grupo de uruguayos maravillosos como Fernando Cabrera, están haciendo una reedición de la canción contemporánea maravillosa.